Pequeña P empezó a
trabajar a la edad de trece años ella estaba muy contenta prefería trabajar, a
tener que ir a la escuela, su familia no quería pero ella insistió mucho, mucho
hasta que lo consiguió.
Era invierno hacia mucho
frio y a Pequeña P le compraron un chaquetón 
Pequeña P se levanto muy temprano estaba muy nerviosa por su nuevo trabajo, se tomo su vasito de café con leche se puso su chaquetón nuevo y se marcho a trabajar.
Cuando salió a la calle para ir a la parada del autobús la niña pensó hoy no hace tanto frio con este chaquetón voy mucho más abrigada no me hace falta ponerme los guantes casi no se me ven las manos cosa que le extraño un poco verse las mangas tan largas.
Como era muy temprano, estaba medio dormida y encima estaba oscuro no se dio cuenta.

¿Por qué la miraba la gente? No lo entendía.
Ando unos pasos y se quedo de pie junto a una ventana y cuando fue a sacar su monedero del bolsillo vio que no estaba, en el bolsillo solo había un gran pañuelo de hombre y una quiniela vieja, que extraño Pequeña P no entendía nada porque por la noche estuvo preparando su monederito y lo puso en el bolsillo estaba segura muy segura.

Una buena señora le pago el billete y Pequeña P le dio las gracias.

Claro con razón iba tan calentita.
A ora venia lo peor tendría que entrar en la empresa con aquel gran chaquetón de su padre, mangas anchas y cuello con unas grandes solapas, además tenía un bolsillo a la altura del pecho que curiosamente se asomaban al menos tres bolígrafos.
Fue ahí cuando se quiso morir como no me pude dar cuenta de esos bolígrafos que siempre llevaba mi padre.
Empecé el día con mal pie y muy avergonzada pero tengo suerte en el trabajo les he caído bien, esplique lo que me había pasado y les hizo mucha gracia.

Así que no se entero.
Pequeña P a un lo sigue recordando era normal que las personas de aquel autobús sonrieran al ver a una niña con aquel chaquetón con grandes solapas y con un bolsillo en el pecho con tres bolígrafos.
Pequeña P no sabe como paso, pero os aseguro que jamás volvió a dejar su chaquetón en el perchero del recibidor de su casa.
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